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  • Xavier Miralpeix

PÉRDIDA DE SENSIBILIDAD EN EL AGUA DEL NADADOR



La fama que precede a la natación como uno de los deportes más exigentes y uno de los que más sesiones de entrenamiento requiere respecto al resto de deportes, está bien merecida y son muchas las críticas que recibimos los entrenadores cuando exigimos una continuidad y un número de sesiones de entrenamientos de casi el 100%. Pocos padres e incluso los propios nadadores entienden a veces ese nivel de exigencia por parte de los entrenadores. Nos tachan de duros, intransigentes, exagerados y casi de “torturadores” pero toda esa exigencia e insistencia que tenemos los entrenadores para que nuestros nadadores no se pierdan ni una sesión, está más que justificada. Uno de los motivos más importantes por el que los entrenadores exigimos al nadador tanto contacto continuado en el agua es por lo que yo llamo “perdida de sensibilidad en el agua”


La natación no es un deporte como los demás. Necesita de mucha estabilidad, equilibrio y coordinación. La posición del cuerpo no es natural (no nos desplazamos erguidos), nos movemos en un medio fluido (el agua) y el centro de gravedad cambia también por esa posición. Necesitamos desplazarnos a través de un medio fluido e inestable donde impera el desequilibrio de todas las fuerzas implicadas verticales, horizontales y laterales del propio líquido y del propio cuerpo sumergido en él.

Por todo ello, el “contacto” diario con el agua es de vital importancia de cara a que la posición, la propulsión y la sustentación se mecanicen y mantengan constantemente en un “armonía” de movimientos y presión del agua sobre nuestro cuerpo, donde la “sensibilidad” gana por goleada incluso a la propia técnica.


Cuando un nadador pierde de forma puntual algunos entrenamientos, lo primero que pierde no es la condición física. Los entrenadores no somos estúpidos para creer que por perder un par de entrenamientos de forma puntual, esto va dinamitar un resultado a medio o largo plazo, pero lo que sí que ocurre y sí que se pierde de forma casi inmediata, es que se pierde esa “sensibilidad” del nado y las sensaciones de fluidez del estilo y esa perdida de sensibilidad y fluidez, supone un problema importante a la hora de mantener un rendimiento óptimo de cara a un objetivo dentro de un calendario competitivo de temporada.

¿Cuántas veces hemos oído a nuestros nadadores decir que no cogen agua? ¿Que es como si no avanzaran? ¿Que bracean y no se mueven? ¿Que van hundidos?.... os suenan estas quejas? Pues tienen un porqué, un cómo y un cuándo.


Cuando un nadador deja de “tocar agua” aunque sea en periodos breves de tiempo o de forma puntual, enseguida pierden la sensibilidad y las buenas sensaciones de agarre, barrido, tirón y sustentación que impiden un buen desplazamiento y fluidez en el agua. Por eso es tan importante no interrumpir esa continuidad tan estricta. El nadador debe mantenerla, ya que se pierde mucho más que un día de trabajo...SE PIERDEN LAS BUENAS SENSACIONES que permiten al nadador, ganar eficacia de nado y a nivel psicológico esas sensaciones les proporciona autoconfianza y motivación.

¿QUÉ SON ESAS SENSACIONES?

“Sentir el agua” realmente no es otra cosa que ser conscientes de la presión que el agua ejerce sobre las distintas partes de nuestro cuerpo, sobre todo en aquellas que bien les permiten trasladarse de la forma más eficaz y eficiente, o bien en aquellas que les van a permitir mantener la posición más hidrodinámica o de menor resistencia al avance posible.


¿QUÉ OCURRE CUANDO REALMENTE SIENTES EL AGUA?

Identificar esas presiones del agua sobre los brazos, las piernas, el tronco o la cabeza, facilita que sean capaces de realizar la tracción de cada brazada de forma que puedas presionar y apoyarte en el agua lo máximo posible. Esto va a provocar dos efectos:

1. Que avanzas más distancia con cada brazada, mejorando tu técnica y tu fuerza de brazada

2. Que hay menor desgaste de tus músculos, articulaciones y demás estructuras de tu aparato locomotor. Simplemente porque para recorrer una misma distancia, lo utilizas menos.


Por todo ello, es importante diseñar entrenamientos de sensibilización dentro de nuestro plan anual, con el fin de mantener siempre esa conexión sensorial entre el nadador y el agua.